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"La civilización no dura porque a los hombres sólo les interesan los resultados de la misma: los anestésicos, los automóviles, la radio. Pero nada de lo que da la civilización es el fruto natural de un árbol endémico. Todo es resultado de un esfuerzo. Sólo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde." J. Ortega y Gasset

miércoles, 19 de abril de 2017

¿Qué debe Europa a Carlos V?

Hace casi  más de cuarenta años surgió una polémica sobre la idea imperial de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Gérmanico, en la que los grandes especialistas en la materia (Karl Brandi y Perter Rassow) pugnarón con la figura hispana de don Ramón Menéndez Pidal. Se trataba de aclarar quién había sido el mentor ideológico de Carlos V; entre las figuras de las que se hablaba  se mencionaron a Gattinara, político piamontés al servicio de Margarita de Austria, que después pasaría a ser el canciller del Imperio. Mientras que Menéndez Pidal habla de la influencia de los RR.CC (Reyes Católicos). Dicha disputa también fue reabierta por historiadores como Ballesteros Beretta y Maravall.





Para unos, la importancia residía en la idea imperial; para otros, en el espíritu de Cruzada. Sin embargo, M. Fernández Álvarez  comentó que no se puede encasillar a Carlos V como un ideólogo, sino como  un hombre en acción, cuyo ideario fue adaptarse a la realidad de su momento. Se ve claramente en la evolución del emperador, desde sus sueños de cruzado  y que mantiene hasta cuajar en la Santa Liga de 1538 con Roma y Venecia, y la posterior  etapa, en la que ya un hombre político se centra en ajustar la unidad de la Cristiandad.


Carlos V emperador por Rubens


Los éxitos del emperador son ante todo defensivos debido a la presión turca, como la liberación de Viena en 1532  y la reconquista de Túnez contra Barbarroja en 1535. Eso sí, frente al protestantismo alemán obtiene algunos de los éxitos más brillantes de su carrera: la Campaña sobre el Danubio, 1546, la Victoria de Mühlberg sobre Elba, 1547; todo lo cual le permite en la Dieta imperial de Augsburgo dictar la paz religiosa en Alemania, con el Interim.

En cuanto a la unidad de la Cristiandad, lo considerará un legado recibido y que debía mantener. Durante mucho tiempo, buscará como resolver un problema cada vez más grave; de ahí su razón para convocar un Concilio en Roma. Todo ello provocaba una fuerte oposición, a la que se iban sumando con el tiempo más personajes como Mauricio de Sajonia o incluso su propio sobrino y yerno, Maximiliano. Hasta su propio hermano, Fernando (-nacido en Medina del Campo-, al cual había cedido toda Austria), le cerró las puertas de Viena en la crisis política de 1552, que estalla obligando al propio emperador a huir de Innsbruck a través de los Alpes, en plena tormenta de nieve. Este golpe será muy duro para Carlos V, pese al apoyo fiel con el que cuenta en España. Su ejército reorganizado no es capaz de recuperar Metz, la plaza imperial ocupada por Enrique II de Francia. A la vez su Edicto Interim se rompe, y Alemania se regirá con la fórmula Cuius Regio Eius Religio, que se acuerda en Augsburgo en 1555.

En 1555, el año de la paz religiosa, pero también de la escisión de la Cristiandad, que será el mismo año de la abdicación de Carlos V.





Europa en época de Carlos V

En todos los casos Carlos V se encuentra siempre con su enemiga Francia. Desde que Francisco I de Francia pretendiera la corona imperial  y no la obtuviera , la guerra contra Carlo V no tendrá cuartel.  La primera guerra, que estalla en 1521, a la vez que la sublevación de los Comuneros en Villalar y la Dieta de Worms, donde el emperador convocó a Lutero. La segunda guerra contra Francia será en 1526, momento en que Solimán penetra por el Danubio y llega hasta Hungría. En 1536, estallará la tercera guerra, donde Francia es aliada de los turcos y de Barbarroja, algo que volverá a suceder en 1542 por cuarta vez.

Todas estas hostilidades no hicieron que Carlos V dejará de buscar la paz y la unidad. Aún en 1525, el rey francés estando prisionero en la Torre de los Lujanes (Madrid), Carlos le ofrece la paz y para asegurarlo, le concede la mano de su hermana mayor, Leonor; el conocido acuerdo de la “Paz de las Damas” que pone fin a la segunda guerra. Volverá de nuevo en la “Paz de Crepy” a buscar la justicia y la paz, sin aniquilar al vencido. En ello podemos ver la influencia de Erasmo de Rotterdam y la escuela política de Salamanca.  Esta actitud, a pesar de acabar fracasando en sus intenciones, Carlos V siempre  aspiró a una Europa con un mosaico de naciones, pero dentro del marco cristiano, que a él le tocaba presidir. Esa idea de una Europa unida se puede ver en cuatro momentos concretos de su política: 1521 Dieta de Worms, 1528 Coronación como Emperador en Madrid  (un 28 de junio, Carlos era elegido en Fráncfort como Rey de Romanos, lo que le convertía en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, de ahí viaja a Alemania, previamente convoca las Cortes Castellanas en Santiago de Compostela en 1520. Adriano de Utrecht será enviado como delegado para que juraran a través de él como rey y pudiera convocar Cortes en Valencia, al ser una formula ilegal provocó malestar entre los nobles; aún así debido al problema de las Germanías en la Corona de Aragón, las Cortes no llegaron a celebrarse. Carlos V envió un documento el 30 de abril de 1520 ofreciéndose guardar sus fueros y privilegios. Al cumplir el emperador la legalidad foral será ya en 1528 cuando sea proclamado rey de todos sus reinos), 1536 discurso de Carlos V en Roma ante el Papa donde demostró estar en su plenitud haciendo honor de su lema “Plus ultra”  y 1555 el discurso en Bruselas de su abdicación al trono.




Los cuatro instantes de su vida van unidos a cuatro ciudades distintas, cuatro pueblos y cuatro notas distintivas de su carácter. En ellas deja muestra de los lugares que gobernó y donde se apoyo para lograr su idea: mantener Europa unida. 


El reconocimiento del particularismo político y la ratificación del cisma religioso fue la consecuencia de las negociaciones de Ausgburgo (1555), una Dieta (Reichstag) en la que se restauró la paz en el Imperio durante algunos decenios, pero las disensiones y tendencias que a lo largo de las últimas decenios habían existido acabaran estallando de nuevo, pero ahora será su hijo, Felipe II, quién enfrentará estas adversidades.

Bibliografía:

Fernández Álvarez, M. : " La sociedad española en el siglo de Oro", ed. Gredos, 1985.


Floristán, A. (coord.) : " Historia de España en la Edad Moderna", ed. Ariel, 2001.


Pérez , J. : "Historia de España", ed. Crítica, 2003.

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