Descripción:

"La civilización no dura porque a los hombres sólo les interesan los resultados de la misma: los anestésicos, los automóviles, la radio. Pero nada de lo que da la civilización es el fruto natural de un árbol endémico. Todo es resultado de un esfuerzo. Sólo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde." J. Ortega y Gasset

lunes, 14 de marzo de 2016

Los Irmandiños, una revuelta social organizada

La resistencia antiseñorial  es una forma de conflictividad social que se manifestó en la Europa medieval. Las revueltas bajomedievales no pretenden una transformación radical de las estructuras (políticas, sociales o económicas), buscaban la defensa de los intereses generales  del pueblo y se debían a  diferentes reivindicaciones. Se produjo en varios periodos, tal y como aparece en diversas fuentes. Esta lucha estaba inscrita en la estructura de la sociedad medieval, y afectaba a todos cuantos se encontraban bajo la jurisdicción señorial, tanto si habitaban en pueblos como si vivían en núcleos urbanos. Eran de amplio carácter, desde luchas  limitadas a una única aldea hasta revueltas que afectaron a regiones muy extensas, por lo que cada movimiento ha de analizarse en su contexto y por separado.

Brueghel, el Joven (1564-1638)



Estos movimientos perseguían unos objetivos que solían ser, en general, defensivos. Se protestaba para poner coto a los abusos de los nobles, exigir el cumplimiento de los fueros y privilegios que habían jurado guardar, imposiciones de naturaleza fiscal, o evitar caer en la dependencia señorial por parte de las villas de realengo (calificación jurisdiccional que tenían los lugares dependientes directamente del rey). Con frecuencia los integrantes de las luchas antiseñoriales eran grupos heterogéneos (campesinos, pequeña burguesía, hidalgos), por lo que esto se traducía en contradicciones internas que les llevaban al fracaso.

Uno de los conflictos sociales más característicos en la Corona de Castilla fueron las llamadas “Revueltas Irmandiñas”, enmarcadas en la Galicia del siglo XV. No han sido muy tenidas en cuenta por la historiografía y se han teñido de muchos matices. Cuenta con la peculiaridad de haber formado una institución con el beneplácito del rey (Santa Hermandad) que llevó una lucha organizada, todo lo contrario a lo que se sucedió en otros lugares, y mitificó la historiografía y la literatura del siglo XIX.

La denominación de “Irmandiños” se debe a la historiografía del siglo XX, que tradujo  este término de la palabra “hermandinos”. La documentación actual lo identifica como una institución, correspondiente a la “Santa Irmandade do Reino de Galicia”, y a sus integrantes los describe como “pueblos y gente común” (los textos medievales denominaban así a los grupos populares), incluso en algunos casos con la palabra “hermanos”. Será en la novela “Los Hidalgos de Monforte” (1856), de Benito Vicetto, donde se les llamará  “los hermanos de Galicia”, además de crear matices de leyenda.

Recreación histórica de la revuelta irmandiña


La crisis del feudalismo en toda Europa llevó al rey a apoyarse en las ciudades  y el vulgo frente a la levantisca nobleza. Las “hermandades” se constituían para garantizar el orden público en tiempos de anarquía. Se trataba de grupos, pagados por los concejos,  creados con la finalidad de establecer una fuerza armada para defender a los pueblos de los ataques de los nobles turbulentos y perseguir a los bandidos. Lo singular  de la hermandad gallega de 1467 está en la convicción colectiva de que el desorden venia de los señores.

Los antecedentes a la gran revuelta de 1467, aparecen  en la “Hermandad Fusquenlla”. Se formó en el año 1431, en las tierras del señor de Andrade, por la extrema dureza con la que Nuno Freire de Andrade  trataba a sus vasallos. La revuelta se inició en las comarcas de  Pontedeume y Betanzos, pero se extenderá por los obispados de Lugo y Mondoñedo, además de Santiago de Compostela. Roi Xordo, un hidalgo de baja estirpe de La Coruña, dirigió las tropas de la “Irmandade Fusquenlla”. Estos conflictos, que se producían entre campesinos y señores en la Galicia rural, eran un reflejo de la crisis del feudalismo, agravada por la codicia de la nobleza. Ésta impuso una nueva servidumbre a la gente común (impuestos), que también arremetía contra los burgueses, la baja nobleza, los eclesiásticos y los oficiales reales.

Este resentimiento se transformó en una rebelión justiciera en 1467, contra los malos usos que la gente común recibía desde las fortalezas (símbolo del poder nobiliario), unido a una serie de años de malas cosechas y pandemias. Tal revuelta conllevó terminar con el sistema de fortalezas construido entre los siglos X al XV, y la tendencia a romper el vasallaje, aprovechando el vacío de poder generado por la guerra civil en Castilla (Enrique IV contra el príncipe Alfonso) y la resolución colectiva de no vengarse de los señores derrotados.

Enrique IV de Castilla, ante las confrontaciones con la alta nobleza, permitió  la formación de la “Hermandad general” de Castilla, que integraba el Reino de Galicia, demandada por las ciudades que eran leales a su persona, y firmó una “capital carta”, el 6 de julio de 1467, en la que aprobaba y legalizaba la destrucción de los castillos, además de pedir la rendición de los castillos asediados. Servirá de referencia para la implantación de una justicia pública en Galicia, así como para en el resto de la Corona de Castilla a partir de 1480, con la denominada “Santa Hermandad”. En compensación, los irmandiños se mantuvieron a su lado, contribuyendo a la derrota final, en la guerra civil castellana de 1468  contra el príncipe Alfonso y la nobleza castellana.




Hoy utilizar el término de “guerra irmandiña” sería un error para referirse a los hechos producidos en Galicia en 1467, porque, aparte del enfrentamiento militar, la violencia del pueblo se concentró  en las fortalezas. Hay que mencionar el hecho de que la Iglesia gallega y la monarquía castellana apoyaron el levantamiento. Esto fue debido a que las primeras víctimas de la refeudalización del siglo XV fueron los monasterios y las catedrales.

Entre marzo y abril de 1467 se constituye la “Santa Hermandad  del Reino de Galicia”, tras convocarse la “Xunta de Melide”. Tras la elección de alcaldes y los justicias mayores se formaron ejércitos milicianos de ámbito regional que se juntaban para acometer asedios o batallas grandes. Todo el mundo tenía armas en casa y experiencia militar en los ejércitos feudales, además de contar las villas con maestros armeros, por lo que son un error las representaciones de los “irmandiños armados” de útiles agrícolas. El 25 de abril de ese mismo año se produce el derrocamiento de la primera fortaleza (el Castillo Ramiro, cerca de Orense).

Castillo de Sandiás


Los protagonistas de la sublevación fueron gentes de todas las clases sociales. Eran, en su mayoría, campesinos, pero también se encontraban villanos, la minoritaria burguesía urbana, que llevó la dirección política de la revuelta, artesanos gremiales, pescadores, etc. Los caballeros irmandiños destacaron, en su función militar, como capitanes  de la Santa Hermandad, mientras los alcaldes y justicias mayores (denominados “varas de justicia) dirigían los asaltos a las fortalezas. Hubo líderes muy reconocidos, como Joan Branco, notario de Betanzos, Joan Domínguez era cambiador,  Sueiro de Noguerol, comendador hospitalario, o Fernando del Pulgar,  que fue escribano de Enrique IV, etc. En cuanto a símbolos, no se conocen representaciones de ellos, sólo las descripciones  recogidas por la tradición oral, como por ejemplo los “bastones de mando” o “varas de justicia” de los alcaldes (decorados por una saeta, proyectil/arco) y de bandera una sábana blanca. El único grito de combate era “¡Viva El-Rei!”, el resto que aparecen son invenciones literarias del siglo XIX.

La Galicia irmandiña fue todo un reto, que sobrevivió  hasta 1469 con sólo la autoridad que ellos mismos se dieron. La acción irmandiña fue ejemplar en la administración de la justicia, la seguridad de los caminos y también en la anulación del poder feudal.
 En la primavera de 1469 tres ejércitos señoriales(encabezados por Pedro Madruga, el Conde de Benavente y el arzobispo Fonseca, y el Conde de Lemos)  entraron en tierras gallegas desde tres frentes diferentes, y en Balmalige, cerca de Santiago, vencen al ejército irmandiño, dirigido por Pedro Osorio. Tras este enfrentamiento se dan algunas batallas en los denominados castros o  en campo abierto, pero estas luchas fueron favorables a la caballería nobiliaria. Mientras las ciudades amuralladas continuaron siendo bastiones irmandiños, siendo inaccesibles para los señores.



Las razones del éxito de la “Revuelta Irmandiña” se debieron a que los señores se vieron obligados a pactar, debido a  su impotencia militar contra las ciudades amuralladas irmandiñas, el espíritu de resistencia campesina, que hizo imposible la reedificación de las fortalezas y el carácter masivo de la revuelta  invicta de los vasallos en 1467, por lo que no se tomaran represalias tras Balmalige. La pacificación conllevó un cambio en las formas de dominación rural, supuso el fin del régimen feudal medieval en Galicia y el paso a la Galicia de los pazos y de la hidalguía rural.

Un dato a añadir es, lo cual mucha gente desconoce, que el origen de la "Xunta Gallega" proviene de la institución de los Irmandiños (Santa Hermandad del Reino de Galicia); al igual que en Asturias  la Junta del Principado o en el País Vasco con las Juntas Generales, aparecieron durante el reinado de Enrique IV. Lo que distingue a la Xunta Gallega de las mencionadas, es que fue más que una simple coordinación de Hermandades territoriales, ya que asumieron los poderes ejecutivo, legislativo y judicial del territorio gallego.




Bibliografía:

BARROS, C.: “Lo que sabemos de los Irmandiños”. Revista Clío y Crimen, nº3, Universidad de Santiago de Compostela, 2004.

BARROS, C.: “Mentalidad justiciera de los Irmandiños, siglo XV”. Ed. Siglo XXI, 1990.

DEVIA, C.: “La violencia en la Edad Media: la rebelión irmandiña.” Academia del Hispanismo, 2009.

VALDEÓN, J.: “Los conflictos sociales en el Reino de Castilla en los siglos XIV y XV”. Ed. Siglo XXI, 1975.

VALDEÓN, J.: “El Chivo expiatorio. Judíos, revueltas y vida cotidiana en la Edad Media.” Ed. Ámbito, 2000.







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