Descripción:

"La civilización no dura porque a los hombres sólo les interesan los resultados de la misma: los anestésicos, los automóviles, la radio. Pero nada de lo que da la civilización es el fruto natural de un árbol endémico. Todo es resultado de un esfuerzo. Sólo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde." J. Ortega y Gasset

martes, 9 de febrero de 2016

Enclaves templarios: El castillo de Cornatel.


“Por fin, torciendo a la izquierda y entrando en una encañada profunda y barrancosa por cuyo fondo corría un riachuelo, se le presentó en la cresta de la montaña la mole del castillo iluminada ya por los rayos del sol, mientras los precipicios de alrededor estaban todavía oscuros y cubiertos de vapores. Paseábase un centinela por entre las almenas, y sus armas despedían a cada paso vivos resplandores. Difícilmente se puede imaginar mudanza más repentina que la que experimenta el viajero entrando en esta profunda garganta: la naturaleza de este sitio es áspera y montaraz, y el castillo mismo cuyas murallas se recortan sobre el fondo del cielo parece una estrecha atalaya entre los enormes peñascos que le cercan y al lado de los cerros que le dominan. Aunque el foso se ha cegado y los aposentos interiores se han desplomado con el peso de los años, el esqueleto del castillo todavía se mantienen en pie y ofrece el mismo espectáculo que entonces ofrecía visto de lejos.”

De esta manera describe Enrique Gil y Carrasco la fortaleza de Cornatel en su magnífica novela histórica “El Señor de Bembibre”. Desde luego no le faltaba razón.

Adaptada perfectamente al terreno, enriscada en lo más alto de un peñón desde donde se  domina todo el sur del Bierzo, y totalmente inaccesible por tres de sus costados, majestuosa y desafiante, se nos presenta la vieja fortaleza de Ulver, el castillo de Cornatel.

La verdad sea dicha es que su vista es impresionante, impactante. Inexpugnable y protegido por el este y el norte por el barranco de la Indrina, no parece posible que con sus raíces enterradas en la roca, Ulver desafíe de esa manera a los cielos. Por este castillo han pasado nobles señores, condes,  amantes de reyes…y como no, templarios; sus muros destilan historia por los cuatro costados. Cornatel, el viejo Ulver, nos espera anheloso para contarnos su historia.


Cornatel y Ulver, ¿la misma fortaleza?

Pero antes que nada, vamos a tratar de  ubicar  el castillo de Ulver a través de los documentos, pero sobre todo, vamos a intentar  saber si tiene alguna relación con el castillo de  Cornatel, ya que aunque sí es cierto que no solo el saber popular hace de Ulver y Cornatel la misma fortaleza, (así  lo aseguran los resultados de los sondeos  practicados por los  arqueólogos de la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León en el castillo de  Cornatel), no menos cierto es, que hay algunas voces que piensan lo contrario, las cuales sitúan el castillo de Ulver en uno de los montes que conforman las faldas de las peñas de Ferradillo.

Quizás uno de los primeros en intentar localizar el castillo de Ulver fue el rector-párroco de la basílica de  La Encina de Ponferrada, D. Silvestre Losada Carracedo, quién erróneamente lo hizo coincidir con la iglesia de Nuestra Señora de Vizbayo, oratorio que  se encuentra en las faldas del monte Pajariel, en el pueblo de Otero de Ponferrada.

Dice Losada Carracedo al hablar del templo de Vizbayo que: “Basta mirarlo, para conocer que no fue hecho para iglesia, sino un edificio antiguo habilitado al efecto. Es el castillo llamado de Urbel (Ulver), construido en el siglo X sobre cimientos de otro romano…este castillo fue convertido en templo en el siglo XVI.”





Sin embargo, esta afirmación cae por su propio peso, puesto que la iglesia románica de Nuestra Señora de Vizbayo aparece ya documentada en el año 1107 con el nombre de Vet-vayo por lo que difícilmente pudo ser la fortaleza de Ulver.

Pero veamos  que dicen los documentos a este respecto.

Para ello, y como no podría ser de otra manera,  vamos a seguir de cerca el trabajo de investigación titulado “Los templarios en Cornatel” realizado por Augusto Quintana Prieto y publicado en 1955 en la revista  “Archivos Leoneses: revista de estudios y documentación de los Reinos Hispano-Occidentales.”

Quintana Prieto basó su magnífico  estudio sobre este castillo berciano en la que es con toda seguridad, la mayor fuente de información para conocer y saber de la historia y ubicación del castillo de Ulver: el Tumbo del monasterio de San Pedro de Montes, cartulario compuesto por  casi trescientos diplomas escritos en latín, distribuidos en 120 folios, fechados hasta 1240,  y  precedidos por una pequeña anotación o resumen escrita en lengua romance.

En lo concerniente a la antigüedad en los documentos del territorio denominado como Ulver, si bien Santiago Taladrid Rodríguez  menciona el año 1023 como la primera fecha donde aparece documentado, lo cierto es que ya existe un diploma del año 979  donde se menciona  un “tenente Ulver domine Garcilonensis”

Lo que si es cierto, es que a partir de este año, 1023, Ulver empieza a aparecer en la documentación de una forma continuada. Siguiendo las pistas que nos van brindando los archivos y los documentos, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos, que este territorio tuvo que haber sido hasta el siglo XIII uno de los más significativos del Bierzo, siendo su castillo, uno de los focos de poder en detrimento del Castro Ventosa, el cual se encontraba localizado en el término de Pieros.

Sus tenentes aparecen ya documentados en 1043 como dependientes de los merinos reales en diversas ocasiones. Jimena Muñiz, una de sus habitantes más ilustres y  amante del rey Alfonso VI,  tuvo la tenencia entre 1095 y 1108

apareciendo como “imperante Terra de Ulver” en 1100,  y nuevamente tenemos constancia de otro tenente de Ulver en el año 1115, Juan Pérez. En 1126 estaba en manos de Ramiro Fróilaz, siendo merino de la fortaleza Menendo Peláez,  mientras que en 1128 aparece como tenente Ponce Giraldo, también conocido como Ponce  Cabrera.

No continuaremos con la lista de tenentes de Ulver porque tampoco es el objetivo de este artículo, pero si cabe señalar que estos se alargan por la línea del tiempo hasta el año 1198, en el que aparece Pedro Cañada como último tenente de Ulver antes de pasar a manos templarias.




 En lo que a su jurisdicción se refiere, debió de extenderse entre las márgenes inferiores del río Sil, su afluente el Boeza, y los montes Aquilianos, coincidiendo prácticamente con lo que posteriormente fue el arciprestazgo de Ribera de Ulver, el cual pertenecía a la diócesis de Astorga.

En cuanto al castillo propiamente dicho, aunque la primera vez que aparece documentado es en 1055, podríamos afirmar que este es bastante anterior,  ya que  en  un documento fechado en 1080, en el cual se referencia el pleito entre el monasterio de  Samos y el tenente de Ulver  por la posesión de algunos bienes en Santa María de Andiñas, se dice que “el castillo tiene esas propiedades desde el tiempo de Vermudo I”,  por lo que su origen podría situarse en el  siglo VIII.   

Pero retomemos el magnífico estudio de Augusto Quintana Prieto e intentemos situar geográficamente en los documentos el castillo de Ulver, tal y como expone  D. Augusto “siguiendo un curso más racional que cronológico”.

El primer documento que nos muestra D. Augusto, está fechado en el año 1155, y es  un diploma por el cual  Salvador Peláez y su mujer dan al  convento de San Pedro de Montes  un viñedo  en el poblado de Vizbayo, poblado que está “subtus castello de Ulver, rivulo discurrente Bueza”

La verdad es que poco aporta este documento, ya que tan solo hace mención al cauce del río Boeza, el cual cruza por el pueblo de Otero de Vizbayo, hoy conocido como Otereo de Ponferrada, donde se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de Vizbayo, la cual intentaba hacer coincidir Losada Carracedo con el castillo de Ulver. Quizás tal y como apunta Augusto Quintana Prieto, este fue el documento que pudo hacer caer en el equívoco al rector de la Encina de Ponferrada.

Curiosamente, un documento anterior,  fechado en 1118, nos da alguna pista más para poder situar el castillo de Ulver.  En dicha escritura, Pedro Eriz dona a D. Pelayo, Abad de San Pedro de Montes todos lo bienes que por sucesión  le pertenecen por parte de su padre. Al situar dichos bienes, lo hace en los siguientes  términos: “en territorio berciano, cerca del castillo de Ulver, en la falda del monte Monniu, en la cuenca del Sil, en el pueblo que llaman Rimor y en el pago denominado “Al Prado”. Estos son los mismos datos que nos proporciona otro documento de donación fechado en 1126.

Aun así, estos datos no son  muy esclarecedores, ya que la población de Rimor se encuentra bastante alejada del castillo de Ulver, entre Priaranza y Orbanajo, aunque si es cierto que pertenecía al territorio de Ulver.

Sin embargo, el documento que parece tener la clave, y que Augusto Quintana Prieto reserva par el final, esta fechado en un año muy temprano si lo comparamos con los demás. En este documento, fechado en 1065, Jeremías Gundesendiz “no teniendo mujer ni hijos”, dona al abad de San Pedro de Montes  “una heredad mia propia -dice- en el lugar que llaman Borrenes, en territorio del Bierzo, junto al castillo de Ulver”.

Este documento ya sitúa Ulver bastante más cerca de Cornatel, ubicándolo junto al pueblo de Borrenes, pero este documento, aun nos reserva otro dato revelador. En el margen de esta escritura, aparece una nota explicativa que dice lo siguiente: “Castillo de Cornatelo”. 

Evidentemente esta es una nota posterior al documento, quizás escrita por el Abad Plácido de la Reguera en el siglo XVII, pero tal y como afirma Quintana Prieto: “Fuera quien fuera el escritor, no hizo otra cosa, al intentar aclarar el término y la denominación, que transmitirnos el sentir del convento y de la comarca entera, respecto a la identificación de estas repetidas denominaciones de los documentos antiguos con el castillo, que ya por entonces se conocía más con el nombre de Cornatel.”

Estas son las únicas pruebas documentales que podemos mostrar para intentar hacer coincidir el castillo del Ulver con el de Cornatel, coincidencia, que como ya dijimos anteriormente, aceptan casi la totalidad de investigadores e historiadores que han estudiado el tema.

Si a esto añadimos los resultados obtenidos en las excavaciones arqueológicas realizadas en Cornatel, donde aparecieron restos de un castillo anterior el cual se puede datar da finales del  siglo XII o principios del XIII, y sobre el que se levantó la actual fortaleza, podemos pensar que, efectivamente, Ulver y Cornatel son un mismo castillo, una misma fortaleza que todavía hoy acaricia las nubes, el mismo bastión que un día habitó una orden de monjes guerreros, los caballeros templarios.






Los templarios en Ulver. Desde cuando y hasta cuando.

Veamos  ahora de que documentos disponemos para intentar averiguar desde que fecha  y hasta cuando estuvo el castillo de Ulver en manos templarias.

Aunque Quintana Prieto apunta la posibilidad de que los templarios fueran dueños de Cornatel en el año 1213, lo cierto es que el primer documento con el que nos  encontramos y que nos habla claramente de esta posesión  esta fechado en el año 1228, y desde luego no deja ningún tipo de duda.  En ese año, Ordoño Ordóñez dona al monasterio de San Pedro de Montes todas y cada una de las propiedades que ha heredado de Sol Muñiz, su madre:

“Era MCCLXVI  inmense junio et quotum VI kalendas juiias. Regnante Rege Adefonso in Legione et in Gallecia et in omni regno suo. Majordomo  Regis Roderici Fernandiz, et de manu ejus Petro Manjón. Tenente Ulver Freyres del Templo. Episcopo austericensis Nunno Fernandiz. In Sancti Petri de Montibus abbas donnus Johannes…”

Es decir, tal y como apunta  Augusto Quintana Prieto : “En la era MCCLXVI (año 1228), en el mes de julio y en día 27. Reinando el rey Alfonso en León  y en Galicia y en todo su reino. Mayordomo del rey Rodrigo Fernández y, bajo su poder Pedro Manjón. Teniendo a Ulver los Hermanos del Temple. Obispo de Astorga, Nuño Fernández. Abad de San Pedro de Montes D. Juan…”

Lo que si es cierto es que ya tenemos constancia de la presencia templaria  en territorio de Ulver (no en su castillo) unos cuantos años antes a la fecha de este documento.

Ya aparecen documentadas posesiones pertenecientes a la Orden del Temple en Priaranza en el año 1197. En un documento de cambio de fincas situadas en esta población realizado entre D. Egidio, abad de San Pedro de Montes, y las hermanas Marina y María Ivañez,  se dice de una de ellas que linda con “las posesiones de los Freyres”

Tal y como apunta Augusto Quintana Prieto, sin duda alguna estos “Freyres” no debían ser otros que los del Temple, ya que así son designados en gran parte de los documentos en que se hace referencia a ellos, tal y como vimos anteriormente  en el documento fechado en 1228.

Es más, conocemos el nombre del comendador del Temple en Priaranza en ese mismo año, Frey Pedreion, quien a pesar de figurar como tal en el documento citado junto al rey, al obispo de Astorga y al Tenente del Bierzo y de Ulver, no cuenta con la aprobación de Quintana Prieto.

Hagamos ahora un paréntesis, y veamos la relación cronológica del elenco de comendadores que aparecen documentados en el Bierzo, lista que es muy posible que sea la más completa publicada hasta el momento, y que nos servirá de argumento algo más adelante :

El primer templario que aparece en esta lista es frey Elías, quien en el  año 1178 figura como comendador de la bailía de Ponferrada. Esto nos aporta un dato muy importante, tal y como apunta D. Gonzalo Martínez Diez en su magnífico trabajo “Los Templarios en los Reinos de España”, ya que viene a demostrar que la donación hecha por  Alfonso IX al Temple de la plaza de  Ponferrada  no era tal, ya que realmente era una devolución de los bienes confiscados en 1204. Sin embargo, y aunque es frey Elías el templario que realiza las labores de comendador,  quien aparece en los documentos como tenente de Ulver es el maestre Guido de la Garda: “Magister Guidone tenente Pontem Ferratum, da sua manu fratres Helia”.

El siguiente comendador en Ponferrada y  Priaranza del Bierzo es frey Pedreion, a quien encontramos documentado  el 9 de abril de 1197.  Como dijimos más arriba, frey Pedreion no cuenta con el beneplácito de Quintana Prieto como comendador de Priaranza, error que atribuye al copista encargado de transcribir el documento. Es muy probable que tuviera toda la razón.

El 1 de febrero de 1198, un tal Pedro, de quien no disponemos más datos, es el que aparece como comendador en Ponferrada. Nuevamente aparece Pedro como comendador el 16 de abril de ese mismo año.

Le sustituye Fernando Tagaio, quien  aparece como comendador de Ponferrada en Noviembre de 1202,  mientras que en el año 1218 es frey Diego Manso el comendador en Ponferrada y Rabanal, ya que así figura en  un  diploma  otorgado por Alfonso IX para solucionar un litigio entre los templarios y los benedictinos de San Pedro de Montes: “Diego Manso, encomendador de Ravanales et de Ponferrada”. En diciembre de  1221,  frey Diego aparece como procurador del Maestre Pedro Alvito, ya que es quien percibe de la abadesa de las Huelgas de Burgos 4706 áureos.

Domingo Fernández aparece como comendador en Pieros y Ponferrada en el año 1224. Martín Fernández está documentado como comendador en Ponferrada en marzo de 1225 y en julio de ese mismo año.

El siguiente comendador que encontramos en la documentación existente es frey Rodrigo Fernández, comendador en Ponferrada y Valdueza  en septiembre de 1230.

Nuevamente aparece Diego Manso como comendador en Ponferrada en marzo de 1232, mientras que es un tal Miguel  quien ocupa este puesto en el año 1235.

Frey Juan es comendador en Ponferrada , tal y como aparece documentado el 30 de junio  de 1240,  y en marzo de 1246.

El 26 de diciembre de 1249, el  comendador de Ponferrada,  Pieros y Rabanal es Juan Fernández “dit vetulo”,  es decir, “el viejo”, quien algunos historiadores hacen coincidir  con el anterior frey Juan.

En julio de 1254 Arias Yañez es comendador de Ponferrada. Ocupa su puesto frey Juan Galván en mayo de 1257, mientras que en junio de 1259 lo ocupa frey Pedro Rodríguez.

El 14 de abril de 1260,  Lope Sánchez es quien ocupa  el cargo de  comendador. En junio de  1261, es  Pedro Arias Gómez quien aparece como  responsable de dicha fortaleza.

Ruy Fernández es comendador en octubre de 1264, ya que así consta en el documento número 13 de la carpeta 835, en la sección Clero del Archivo Histórico Nacional. Le sustituye el 6 de julio de 1271 Lorenzo Martínez, y a este, frey Gil Gato en 1272, tal y como consta en el folio 75 del documento signado con el número 321 del Tumbo Viejo de Montes.

Nuevamente es Lorenzo Martínez comendador de Ponferrada el 10 de junio de 1274 mientras que Juan Fernández aparece documentado como tal el 17 de junio de 1278.

Frey Ruy García  ocupa el puesto de comendador en Ponferrada en 1280, mientras que Fernando Thomes lo hace en septiembre  de 1293.

Frey Fernando Muñiz, en  1307, es el último comendador de Ponferrada que encontramos en la documentación.

Volviendo a la cuestión de intentar dilucidar hasta cuando estuvieron los templarios en Ulver, sabemos que permanecían aun  en Borrenes en el año 1261. Incluso cabría la posibilidad de que los lugareños pudieran confirmarnos el lugar justo del solar propiedad de los monjes guerreros, ya que el documento nos da una gran cantidad de datos para poder hacerlo:

“Juan Velázquez, y su mujer María Ivañez, de Borrenes, dan al Abad D. Ferrán Pérez, de San Pedro de Montes, entre otras posesiones, una casa en dicho pueblo, que está colindante de la de una parte con Ruy Pelayz, y de la otra con los Freyres del Temple.”

Aunque vemos que en este documento no se habla del castillo de Ulver, sino de unas posesiones en Borrenes, es lógico pensar que el castillo seguía en manos templarias, ya que así debería de ser por lógica, pero, ¿cuánto tiempo más permanecieron los caballeros del Temple en Cornatel?

Si nos ceñimos a la documentación existente, esta fecha, la de 1261, es la última que podemos dar, aunque bien es cierto, que todos los historiadores que de alguna manera han estudiado este enclave aseguran que estuvo en manos de la Orden hasta el año 1312, es decir, hasta el fin de sus días, cosa que nosotros también creemos.


En cuanto a si Ulver tuvo un comendador propio o por el contrario dependía del comendador de Ponferrada, creemos que sobra con la relación de comendadores dada anteriormente. Podemos apreciar como en ninguno de los casos aparece un comendador de Ulver, por lo que podríamos afirmar que el castillo de Ulver no sería más que una avanzadilla del castillo ponferradino.





Cornatel, un antes y un después.

En cuanto al viejo castillo de Ulver ocupado por los templarios, poco o nada queda de él. La fortaleza fue prácticamente destruida en la revolución irmandiña en el siglo XV, siendo la actual fortaleza reconstruida por el Conde de Lemos en previsión de futuros ataques.  Después de dejar el Condado en manos de su nieto, el de Lemos decidió vivir su retiro en la fortaleza de Cornatel, por lo que lo adaptó a sus necesidades.

La actual fortaleza es una construcción de planta irregular, típico bastión defensivo roquero, de una sola muralla,  la cual está recorrida por un paseo de adarve, al cual se accedía por medio de escaleras voladas de pizarra. Tanto los lienzos de muralla como las torres están fabricadas con mampostería, y su acceso se realizaba por un estrecho camino que discurría junto a la muralla norte.

La entrada al castillo se encuentra ubicada entre dos lienzos de muralla, protegida por dos saeteras a cada lado, dando paso al patio de armas. En frente de la entrada se encuentra la torre del Homenaje, la cual está protegida por la muralla que va de este a oeste.

A la derecha  se pueden ver los restos de un paredón, el cual se ha asociado desde tiempo con los restos de una iglesia que al parecer existió en el siglo XIII. El motivo de esta creencia viene dada por la forma  en espadaña de dicho paredón, además de tener la apariencia de disponer de los anclajes para soportar  un retablo.  Las investigaciones realizadas durante la excavaciones arqueológicas han demostrado que este paredón en forma de espadaña lo que realmente sujetaba era una chimenea, además de una especie de forjado intermedio, que invalidaría totalmente la idea de que allí existió una iglesia.


Las dependencias restantes se sitúan en el lado izquierdo de la fortaleza, comenzando por una torre de vigilancia, seguida por otras dependencias que debieron corresponder a viviendas, calabozos, y almacenes.  Entre los edificios que mandó construir el conde de Lemos  estarían la llamada como casa colgante, la casa de servicio, y la casa principal o también conocida como la del Conde, edificación que erróneamente se identificó durante tiempo con  una posible iglesia.

Sin embargo, la tradición popular  si atestigua la presencia de una campana en el castillo de Cornatel. Es más, hasta hace poco, y según nos confirma la Diócesis de Astorga, existió en el cercano pueblo de Villavieja una campana que al parecer procedía del castillo. Es cierto que esta campana no tenía por qué tener una función religiosa, ya que pudo ser empleada para servir de llamada a las poblaciones cercanas a concejos, en caso de incendios, etc., aunque también es cierto que no sería de extrañar que el Conde de Lemos, en sus últimos días, adaptara algún lugar del castillo como oratorio.

Por su lado oriental el castillo de se encuentra rematado por un estrecho pasadizo  a modo de coracha que se comunica con una atalaya situada al final de la fortificación, siendo esta una de las partes más antiguas del castillo.

Pero no siempre la fortaleza de Cornatel tuvo la imponente presencia que ahora nos presenta.  Aunque si es cierto que nunca perdió la gallardía con la que desafía al cielo, lo cierto es que durante mucho tiempo fue una fortaleza herida. Herida en sus murallas, semiderruidas y desplomadas. Herida en su constante deterioro, y herida por la pasividad y por el olvido.

Cornatel comenzó a revivir en 2005, cuando dieron comienzo los trabajos arqueológicos promovidos por la Fundación de Patrimonio de Castilla y León y  la Diputación Provincial de León, de acuerdo con el Plan Director que en su día elaborara el arquitecto  Fernando Cobos Guerra, quién también dirigió el proyecto de las obras que se acometieron.

Las excavaciones realizadas fueron de lo más fructíferas, ya que como vimos al principio de este artículo, dieron con los restos de un castillo anterior a Cornatel, el cual se identifica con el viejo Ulver. Además, se consiguió documentar los restos de una pequeña torre exenta dentro del perímetro del castillo, torre que los especialistas creen puede formar parte del castillo de Ulver, ya que esta datada en época anterior a la de la actual fortaleza.

Se procedió pues a un desescombrado general, siempre con control arqueológico, siendo tres las principales áreas de trabajo, el área libre del interior del castillo, la conocida como Sala Principal, donde se encontraron parte de un zaguán y de una escalera de acceso, y la Casa Doméstica.

La Fundación de Patrimonio de Castilla y León dio por terminados los trabajos  en 2008, cuando terminaron con la señalización y colocación de paneles informativos y explicativos del recorrido por el castillo de Cornatel.



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