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"La civilización no dura porque a los hombres sólo les interesan los resultados de la misma: los anestésicos, los automóviles, la radio. Pero nada de lo que da la civilización es el fruto natural de un árbol endémico. Todo es resultado de un esfuerzo. Sólo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde." J. Ortega y Gasset

martes, 10 de noviembre de 2015

El origen medieval de la diversidad política territorial de España (II): Organización municipal

 La expansión de los reinos cristianos durante la Edad Media en la Península Ibérica conllevó una ocupación y una organización de los territorios que se incorporaban. Esta integración de los nuevos territorios significó no sólo un nuevo dominio, también población nueva,  lo que ayudó a la transformación de la propiedad y a la organización territorial. Es esencial comprender estos aspectos porque son los fundamentos de la Repoblación, que origina una nueva situación en las estructuras del poblamiento y las relaciones entre los hombres.


Hay que diferenciar entre los términos “colonización y repoblación”. Según José María Mínguez, el término “colonización remite a la iniciativa y actividad privada. Aquí es esencial el componente social y económico, que la colonización hace referencia al aumento demográfico, a la ampliación de los espacios productivos y a la organización social de los grupos colonizadores, siempre al margen de las directrices del poder político. Mientras que repoblación” es una actividad distinta, consiste en la organización política y administrativa del territorio sobre la base de una previa colonización, es decir, la actividad repobladora trata de integrar a una comunidad o a un conjunto de comunidades, sean de antigua existencia o nueva creación, dentro de una estructura política y administrativa determinada.




Las diferentes formas de repoblación medieval  componen el fundamento de la organización básica político-administrativas de los municipios, concejos o baylías, pedanías, etc.,  sea cual sea el nombre en los diversos espacios políticos de los reinos cristianos medievales. A través de los tipos de poblamiento (disperso, concentrado de tipo aldea o pueblo, o de tipo agrovilla) y las estructuras de la propiedad agraria, según el tamaño, se contribuye a determinar unos términos de dimensiones diversas correspondientes a cada núcleo de población, y son la base territorial y poblacional de la organización municipal.

Las formas de repoblación fundamentales son la PRESURA O APRISIO, la REPOBLACIÓN CONCEJIL y los REPARTIMIENTOS. La primera (presura) es una forma de ocupación del espacio vacante realizada de forma espontánea o apenas planificada, propia de la primera fase de la Repoblación, anterior al siglo XI y que se extendió al Norte de la línea del Duero y el Valle del Ebro; se trataba de ocupar espacios que en principio no estaban amenazados por los ataques musulmanes, porque funcionaba como “tierra de nadie” (es probable que debido a la desestructuración provocada por la invasión muchos espacios quedaron faltos de poderes locales, instituciones regias y eclesiásticas, de ahí que se necesitara más tiempo para asentar la autoridad regia), y además dominaba la producción agraria de autoconsumo. 



La forma de poblamiento predominante en esta zona del Valle del Duero, donde se da la primera fase de repoblación durante los siglos VIII –X, es la ALDEA, con agrupaciones de vivienda muy escasas y dispersas, que dieron lugar a las “Comunidades de aldea”. Éstas representan una organización económica, una unidad de hombres que habitan en un pequeño territorio  de forma concentrada o dispersa.  Tenían una especie de consideración de la propiedad como perteneciente a toda la comunidad, de carácter colectivo, que se refería a las tierras puestas en explotación y el conjunto de montes, pastos y bosques, que debían quedar como reserva de aprovechamiento.

Poblamiento Altomedieval Leonés (Atlas Histórico de la España Medieval. J. Mª Monsalvo pág. 82)
muestra las Aldeas...ect


Al Sur del Duero y  hasta el Tajo y rebasado el Valle del Ebro, cerca de las fronteras musulmanas, se acude, durante los siglos XI y XII, a una forma de repoblación denominada CONCEJIL, que dará origen a las denominadas “Comunidades de villa y tierra”. Cada una de ellas  se convertía en un gran concejo, formado por una villa que está amurallada para la defensa y que dirige la repoblación del amplio término concejil mediante la proliferación  de aldeas. 



Al Sur del Tajo, en la Corona de Castilla y en el Valle del Ebro, también la zona levantina, dentro de la Corona de Aragón, el sistema de repoblación fue el de los REPARTIMENTOS. Éstos, en la Corona de Castilla, en la que se expulsa en general a los pobladores musulmanes, va a dar lugar a los grandes núcleos de población, las que se denominarán “agrovillas”, cuyo territorio está comprendido por grandes explotaciones agrarias, mientras que en la Corona de Aragón, en la que se mantiene la población musulmana, evitando así un despoblamiento que habría paralizado la actividad económica, disminuye bastante esta estructura tan concentrada de poblamiento. 



Esta estructura de poblamiento irá evolucionando con el tiempo.  Algunos núcleos de aldea o pueblo se convierten en ciudades, cuando desde el siglo XI comienza el florecimiento agrario y la vida urbana preindustrial, que  es estimulado por el poder real, por diversas razones, entre ellas la de neutralizar la gran extensión de los señoríos en zonas determinadas, como en Extremadura o la Mancha. 

Plano realizado por Manuel González García y Emilio Rodríguez Sánchez


A la vez  van desapareciendo aldeas, tanto en la zona de repoblación de presura como en la de repoblación concejil, dando origen a los llamados “despoblados”. La causa de ello será  que muchos de estos núcleos son incapaces de satisfacer las exigencias del nuevo periodo, que reclama un tamaño poblacional mínimo que permita el establecimiento de servicios (herrería o abacería=colmado), aunque la circunstancia que favorece la transformación de aldeas en despoblados serán las crisis profundas y prolongadas, como las del siglo XIV y el siglo XVII. Estas aldeas, una vez abandonadas, no vuelven a poblarse cuando llega la nueva fase de expansión, carecen de sentido. 

En la zona de repoblación concejil sobre todo se produce una doble evolución. Por un lado, muchas de las aldeas integradas en Comunidades de Villa y Tierra se sienten explotadas por el núcleo rector, por lo que piden, y logran, pagando al rey, ser eximidas de la jurisdicción de la Villa y adquirir el derecho de “villazgo”. En estos casos destaca el procedimiento al que acuden, estas aldeas, para delimitar su nuevo término concejil; utilizan el criterio de tipo eclesiástico, el de la “diezmaría”, es decir, el espacio correspondiente a las tierras cuyos diezmos se pagaban a las parroquias del término en cuestión, sirve también como criterio el de la “verla y guarda” de la aldea, en el cual, las tierras eran vigiladas por los guardas de la aldea.


Hasta el siglo XVIII la despoblación de los núcleos pequeños fue en aumento. La mitad septentrional de la Península era la que disponía de una mayor proporción de núcleos menores de 1000 habitantes. Correspondería con la zona cantábrica, vasca y pirenaica, además de Burgos y León, es decir, aquellas zonas repobladas de acuerdo con el procedimiento de la presura.

En estas circunstancias todos los núcleos de población, hasta las aldeas, tenían alguna forma de organización concejil, mediante la existencia, formal o real, de la asamblea de los vecinos (consejo o concilium), que se reunía los domingos después de misa en el pórtico meridional de la iglesia “a campana tañida”. No será  hasta los siglos XI y XII cuando se institucionaliza el AYUNTAMIENTO, en el caso de Cataluña hasta el siglo XIII, pero será diferente según los diversos núcleos (ciudad, villa, lugares, aldeas, caseríos, cotos, cortijos, etc.). Unos tienen un ayuntamiento completo con sus autoridades y organismos; otros poseen un ayuntamiento incompleto, aunque autónomo, y otros no tienen autonomía, y en todo caso tienen alguna autoridad de tipo pedáneo (pedanía). En principio se esperaba que, según la categoría y tamaño de población, así sería la institucionalización del ayuntamiento que regía a los diversos núcleos de población; pero la realidad era bien diferente. Las ciudades, villas y lugares  dispondrían de ayuntamiento completo, mientras que las aldeas y explotaciones aisladas carecerían de ayuntamiento autónomo o propio. El caso es que existían aldeas que disponían de ayuntamiento, mientras algunos lugares carecían de él, villas que disponían de ayuntamiento  más completo que algunas ciudades…y así numerosos casos. 

 Reunión de un Concejo


La causa de esta realidad había surgido de improviso, porque en cada territorio el rey o señores actuaban discrecionalmente; pero en otras ocasiones ello era debido a la evolución de los núcleos, que habían alterado la situación anterior, sin que se reflejara el cambio en la institucionalización. Esta complejidad de lo que hoy entendemos como organización local, hay que comprenderla en el modelo de realidad feudal o tardo feudal, en el que los territorios de realengo y de señorío se extendían de forma que se mezclaban entre sí, llegado el punto que en el siglo XVIII más de la mitad del territorio de la Monarquía Española correspondía al dominio señorial, de tal forma una pedanía de una aldea señorial dependía de un ayuntamiento, también señorial, que estaba distante del territorio comprendido, resultando incomunicados ambos territorios. 

España en 1785


Esta organización municipal se conseguirá racionalizar ya en el siglo XIX, aunque se interpondrán tanto la estructura política heredada  como la geografía del poblamiento. La idea fue extender la institución del Ayuntamiento al mayor número de núcleos de población posibles. Muchas fueron  las razones que impulsaron  este cambio, pero ante todo la estrategia adecuada para que las ideas liberales cuajaran en la población española del siglo XIX,  e incluso la eliminación de  muchas de las causas de conflictos entre poblaciones vecinas por la disputa de los derechos comunales o propios. 



Bibliografía:

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VALDEÓN BARUQUE, J. : "La Reconquista: El concepto de España. Unidad y diversidad". Ed. Espasa, 2006.


BURGUEÑO RIVERO, J. :"Geografía política de la España constitucional. La división provincial", Centro de Estudios Constitucionales, 1996

GÓMEZ MENDOZA, J. y GARCÍA ÁLVAREZ, J. : "El Estado Español. Organización política y administrativa" (in) GIL OLCINA, A. (coord,): "Geografía de España", ed. Ariel, 2001


CASTRO, C. :"La Revolución Liberal y los municipios españoles", Alianza editorial, 1979


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